26 de febrero de 2017

83.

Foto de Monumento a Gandhi - México, D.F., México

Parque Gandhi, Col. Bosque de Chapultepec, México, D.F.

¡Y Gandhi, que nunca le puso flores a sus enemigos! 
¡Y Gandhi, que con su actitud, sus palabras y su pensamiento, hizo frente a la tiranía! 
¡Y Gandhi, que simbolizó como nadie la resistencia frente al mal gobierno y la injusticia! 

La ausencia de ademanes violentos y agresivos les resulta preocupante a los que defienden la destrucción del sistema. Por eso es una figura olvidada en la crisis civilizatoria que vivimos en Occidente en este comienzo del s. XXI, que está dominada por los que premian ese tipo de comportamientos. 
La estrategia de la política convertida en activismo es imponer la virulencia e impedir que el ciudadano no piense en otra cosa que estar indignado por todo, hasta el agotamiento. 
Las figuras de este calibre, como Gandhi, les resultan incómodas ya que no les conviene ese tipo de actitudes reflexivas y prudentes, ya que las entienden como desmovilización y descapitalización social. Y eso les preocupa mucho.

25 de febrero de 2017

Hipocresía

82.

Esta es una sociedad hipócrita que utiliza como coartada moral la indignación (frente a la corrupción política), para no asumir lo suyo propio, personal e individual.


Post Data a los que cuando ven estas opiniones contrarias a la marea de agitación e indignación popular se les hinchan las venas del cuello y se ponen a preparar la cuerda para la horca: 
- No me parece correcta la decisión de la Fiscalía. No la comparto, en absoluto 
- No estoy a favor de la corrupción política en ninguna de sus modalidades. ¡Faltaría!
- No todo el mundo se expresa de la misma manera. Y si criticáis el pensamiento único, uniforme y borreguil del algunos, empezad a criticaros a vosotros mismos por pretender que existe una única manera de expresar indignación, de protestar, de movilizarse, de cambiar las cosas a mejor.
- Siento mucho si este tipo de pensamientos incómodos que hacen reflexionar a la gente sobre sí misma, y su forma de vivir, rompe la estrategia del activismo virulento.
- El combate contra la corrupción política empieza en uno mismo, en el día a día, y con decisiones aparentemente insustanciales.

18 de febrero de 2017

El pifostio de la libertad.

81.

Un breve recuerdo, histórico y filosófico, de cómo comenzó la pugna entre las ideologías. Todo comenzó en torno al tema de la libertad. Todo el mundo estaba de acuerdo con ella, todo el mundo la quería y la defendía. Pero los desacuerdos llegaron a partir de su caracterización y su tamaño. Básicamente: los defensores de una u otra opción fueron constituyendo distintas tradiciones, luego corpus ideológicos adyacentes y, finalmente, programas políticos divergentes.

Vamos a verlo con un ejemplo sencillo...

En un camino del bosque encontramos un cartel que nos dice que tenemos derecho a transitar por él. Tú vas por allí y listo. Sencillo, ¡verdad!, pues algunos se aturrullaron con esto. 
La cuestión endemoniada aquí, en esta fácil sentencia, es el concepto de ‘derecho’. 
Para unos se trata de que no haya cortapisas ni impedimentos: puede usted andar por el camino, no hay muros, ni baches, ni golfos apandadores que se lo impidan. 
Para otros se trata de que existan elementos que blinden la acción: va usted a andar por el camino y alguien se lo va a acondicionar, se lo va a proteger. 
La carga de la primera de las libertades recae sobre el individuo, en la segunda ha de existir una entidad supraindividual sobre la que recaerá esta carga. 
En la primera, esa entidad superior (tribu, empresa, Estado, sociedad) hace de árbitro que impide que el camino se vea cortado, vallado o amurallado, atacado, etc. En la segunda, la entidad superior protectora y benefactora, interviene en todo el proceso, se encarga de poner el dinero para poner el asfalto, los semáforos y señales, los profesionales que la defiendan y les hagan reparaciones, etc.
Los primeros siguieron pensando en su dirección, a partir de lo que entendían por libertad y por derecho. Los segundos siguieron también en su dirección. Y comenzaron a cruzarse críticas y acusaciones.
Al cabo de un tiempo olvidaron que ambos defendía eso que llamamos libertad, entregándose a esas características que les diferenciaban.
En algún punto de este largo tránsito, alguien pensó que la libertad estaba en el derecho a reventar la carretera, en meterle fuego a las señalizaciones y los semáforos, en golpear a los protectores, en desvirtuar esas entidades -sean árbitros o sean protectores-, en hacer que la gente con ideas diferentes terminaran enfrentados y odiándose. 

PD. El quiera puede leer:
-La conferencia de 1819 de Benjamin Constant llamada 'De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos'.
- El libro de Isaiah Berlin titulado 'Cuatro ensayos sobre la libertad' (Alianza).
- El libro de Ludovico Geymonat titulado 'La libertad' (Crítica).
- Mi trabajo de hace unos años
https://www.academia.edu/9313180/Cuadernos_de_Filosof%C3%ADa_Pol%C3%ADtica_III_Estado_Poder_Autoridad_Libertad_y_Derechos

29 de enero de 2017

Populus (2ª parte)

80.

- El oleaje de indignación surgió en un marco concreto -gente joven, generalmente estudiantes, en un escenario de crisis económica e institucional- y fue su bisoñez idealista la que reactivó resortes que mucha otra gente tenía apagados. Luego llegaron los oportunistas que los manipularon usando las potentes redes sociales lograron volcar la energía que surgía de la marea para sus proyectos políticos. Una vez más, y como hicieron los de antes, los que aspiraban a gobernar no se preocuparon de educar o enseñar a la gente a cómo manejar esas oleadas emocionales. Simplemente, sacaron beneficios de esta psicopolítica. El oleaje emocional terminó convirtiéndose en un status quo estable, en la situación común y corriente de la vida social. La ‘tormenta de mierda’(*) es la forma de interacción de la actualidad. Esta semana hemos visto un claro ejemplo tras el lamentable fallecimiento de una reconocida modelo.

- La crítica al populismo –que hay que hacerla- no puede venir sola, sin hacer otra de igual calibre a la política ortodoxa, tradicional e institucional que teníamos. Los errores estratégicos y las injusticias con la ciudadanía son el caldo de cultivo perfecto. La génesis del populismo no está nunca en el ansia del populista de turno. Algún día los libros de historia contarán esto como corresponde. El nacimiento del populismo está en los fallos y la inhumanidad del sistema. 

- El populismo no está en vías de desaparición; al contrario, está por llegar su más alta cumbre. Primero, porque la política tradicional ha perdido claramente la partida de la táctica (¡Ay las redes sociales!); segundo, sigue sometiendo al ciudadano-votante a una violencia tremebunda (la subida de la electricidad este enero es injusta e inhumana); y tercero, montados en la cresta de la ola, los líderes populistas tienen todavía mucho que evolucionar en su retórica y sus prácticas. 

-El discurso tradicional de la socialdemocracia hablaba al individuo concreto pero apelando al conjunto de la sociedad. Al votar, el ciudadano no pensaba en sí mismo, sino en el conjunto de la clase obrera. Algo similar ocurría con los partidos conservadores, que en vez de apelar a las cuestiones de clase, apelaban a cuestiones familiares, tribales, de cohesión nacional y otras afines. En ambos casos, el individuo concreto se pensaba como dentro de un conjunto mayor, y más importante. De algún modo, reinaba la idea de que había que sacrificarse por el conjunto. La caída de los partidos e ideologías tradicionales traen consigo la destrucción de este imaginario colectivo, el del bien común. Entre otras cosas porque el bien común no traía más que migajas al gran conjunto, quedándose los poderosos con la parte buena del pastel. 

- Los partidos de ahora (sus líderes concretamente) le hablan al individuo de tal modo que éste piensa, sola y exclusivamente, en sí mismo. Hablando para todo el conjunto, el individuo siente con claridad meridiana que sólo le está hablando a él mismo. Y que el populista de turno solucionará su problema, no el de todo el conjunto social, el suyo propio. El votante vota al populista buscando la propia salvación, porque piensa que lo que promete el populista de turno es bueno para sí. Piensa, “ya está bien de pasarlo mal, ya está bien de sacrificios por el bien general, ya estoy harto de lo de siempre y que nunca saque nada de todo esto. Ahora me toca a mí”. El populismo también es esto, pasar de pensar por y para un gran conjunto, a pensar contra la colectividad. Así consigues, curiosamente, amalgamar un enorme colectivo de gentes - de distintos niveles socioculturales y económicos- que piensan en sí mismos y sus deseos; y que sea esa idea antisocial la que haga de cemento de la nueva sociedad. 

- No hay nada más paradójico que el pensamiento populista, nada más líquido, vaporoso e inane. Estas modalidades autocontradictorias, oscilantes, hiperemotivas, resultan desquiciantes para los análisis hiperracionales de la política tradicional acostumbradas a las bipolaridades y las regularidades, entre otras. La política tradicional patina sobre el absurdo del populismo. La plasticidad propia y la incapacidad de la tradición  en estos terrenos resbaladizos procura una tremenda ventaja al populismo. Cuando el populismo se termine convirtiendo en la práctica habitual y corriente de la actividad política, se cerrará el ciclo (Thomas Kuhn y las revoluciones científicas) y será el paradigma dominante que entrará en colisión con un nuevo paradigma revolucionario entrante (el nuevo populismo, seguramente).




(*) Término que conocí por Byung-Chul Han.

Populus (1ª parte)

79.

- El populista, realmente, no se reconoce a sí mismo como tal. La gente que los vota tampoco. Hay ahí una perfecta simbiosis entre unos y otros. Lo que hace de esta unión algo temible es la ceguera voluntaria –‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’-, unido al dejarse llevar por todo lo que el líder considere justo y necesario. Los que están dentro piensan que lo de populismo es poco menos que una etiqueta, o una especie de insulto. Los que estamos fuera, lo que nos preocupa realmente no es insultarles ni faltarles al respeto, sino la resistencia al pensamiento crítico de unos y otros. Y, por supuesto, el simplismo con el que interpretan las cosas del mundo.

- ¿Por qué las propuestas de los populistas tienen un grandísimo impacto sobre sus votantes, dónde radica su atractivo, qué hay en ellas que le procuran semejante carga de convicción? Un primer y rápido vistazo sobre el asunto nos dice que el populismo es una forma masiva de inmadurez. Inmadurez en el sentido siguiente. Se da la circunstancia de que una masa crítica de personas se encuentran en la misma situación: la incapacidad de gestionar la frustración de habitar en un mundo en el que la interactuación erosiona profundamente. La frustración frente a las complejidades de la vida les lleva a caer rendidos a los pies de aquellos que les venden fórmulas sencillas de solución de sus problemas complejos.

- ¿Y no es esto lo que lleva haciendo la tecnología toda la vida? Hacer fácil -mover el dedo por la pantalla táctil de nuestro móvil- lo difícil -cómo funcionan el jodido aparato. De modo inconsciente la gente suele funcionar (ojo, hay excepciones, gracias al cielo) en la política como lo hace en la vida real. No se compra el aparato más difícil de manejar. Ni le decimos a nuestros hijos que estudien la carrera que les llene sino la que pueda darles una mejor colocación laboral. Ejemplos como estos, de búsquedas de cosas sencillas antes que complicados, son abundantísimos. 

- El populista sabe detectar como nadie qué es lo que quiere oír el votante, qué es lo que anhela, que es lo que quiere y, especialmente, por dónde se encuentran sus seguridades. El populista es la promesa de que quedarán eliminados todos los obstáculos en la consecución de esos deseos. En cierto modo es una vuelta a la tierna infancia. Esos días en los que los padres hacían que el mundo fuera sencillo, pues eran estos los que tenían que lidiar con los muros que los críos no podían saltar. El populista sabe cómo funcionan esta clase de resortes. Y en vez de educar a la ciudadanía mostrándoles cómo moverse en un mundo lleno de trabas, riesgos e incertidumbres, en los que existe una interacción constante u multilateral que puede llegar a ser muy corrosiva, se muestran a sí mismos como el progenitor protector que asume el facilitarle las cosas, eliminar sus preocupaciones y llevarlos, cual Moisés, a la tierra prometida donde el maná solo hay que recogerlo del suelo. 

- Y digo otra cosa: combatir el populismo con desprecio intelectual y racionalismo duro no lleva a ningún sitio. Porque, precisamente, los populistas se blindan frente a éste con una retórica directa y un lenguaje sin requiebros –simplismo de nuevo, aunque sea impostado- alejado de cómo la gente que le vota entiende que es la clase política profesional. En cuanto aparece la crítica intelectual al voto populista -como un desprecio, mirando por encima del hombro al pobre truhán que no sabe lo que vota-, el votante del populista reconoce como cierta la defensa que el populista hizo anteriormente frente a la política más institucional. Se siente insultado por el intelectualista y, por ende, aumenta el apego al populista y la decisión en su voto. Por desgracia, me parece que en la historia hay varios ejemplos, el populismo se cura cuando la gente prueba en carne propia la tragedia. Tragedia que se une a la ya existente y que le arrojó en brazos del populista de turno.

16 de diciembre de 2016

Machismo implícito, inconsciente e involuntario. Pero machismo al fin y al cabo.

78.

Ayer recibí, ya reparado, mi robot de cocina alemán. Este mediodía, para celebrar el acontecimiento como corresponde, me he puesto con un arroz caldoso que sale de maravilla.
Cuando estaba terminando le he dicho a Ana que iba a llevarle un plato a mi padre, que le encanta esta receta. Ella me ha mirado y me dice: "Siempre dices lo mismo, que le llevas un plato a tu padre". Y sigue: "Y luego pones arroz para dos o más de dos, y aun así sigues diciendo solamente que es arroz para tu padre". Y termina: "¿Si pones arroz para los dos, porqué no dices que le llevas un plato para los dos y no sólo para tu padre?".
Pero la cosa no termina aquí. 
Cuando ya lo tengo hecho cojo el teléfono y marco el número de la casa de mis padres. Se pone mi padre: "Dile a mamá que me acerco a casa [no vivimos muy lejos, a 2 min. de coche], que te llevo un plato de arroz caldoso, que baje al portal para dárselo".
Ana está anonadada. "Has vuelto a hacerlo", me dice. "Y además tiene tu madre que bajar a buscarlo", termina. "Ahora resulta que soy un poco machista", le he dicho. "Tampoco es para tanto", me responde.
Es cierto. No es para tanto. Pero es cierto, soy un poco machista. No era consciente de lo que decía. Son frases que uno larga sin pensarlas, de modo involuntario, por la costumbre. Pero el machismo empieza así, incrustado en estas pequeñas cosas. Y el machismo empieza a combatirse, igualmente, en estas pequeñas cosas: no volviéndolas a repetir. Detectando cuántas de estas pequeñas perlitas de la costumbre tenemos en nuestro interior, inconscientes e involuntarias.
Estas minucias no hace daño. El problema está en cuando las minucias se acumulan. Con un grano de arroz no se hace comida, con unos buenos puñados sí. Ahora hay que aprender de los errores.


9 de noviembre de 2016

Los idiotas son siempre los otros.

77



Los otros son unos estúpidos cuando votan lo que votan. Nosotros somos muy listos cuando votamos lo que votamos. 
Esos otros son unos garrulos, unos incultos, unos rancios. Nosotros, sin embargo, somos todos unos ilustrados. Además, con esta fina ironía que nos acompaña podemos hacer frente a su cuñadismo. Que no quepa duda. 
Son ellos los que se equivocan al elegir a sus representantes políticos, esos que tan mal hacen las cosas. Los nuestros son gente seria y con estudios, muy formada.
¡Cómo se puede ser tan necio, tan lerdo, tan gilipollas! ¡Fíjense en nosotros, en cómo nos guiamos siempre por un estricto espíritu crítico! Cuando insultamos y faltamos al respeto al otro tonto lo hacemos por nuestro sabio entendimiento. Por eso y porque tenemos razón. Los otros no tienen ni idea. Sólo por eso. 

EL FIN DEL ANÁLISIS SOCIOLÓGICO Y POLÍTICO

76.


Todo parece indicar que Trump ganará las elecciones en este noviembre de 2016. Para muchos esto ha supuesto una tremenda sorpresa. Otros están acogiendo la noticia con asco y angustia. Los que se asustan, los que se asquean y los sorprendidos son el mejor ejemplo de que una época de análisis ha llegado a su fin.
Hay un fino hilo -a veces imperceptible-, como el de Ariadna en el laberinto, que une la victoria del Brexit en Gran Bretaña, el 'no' en Colombia, el gobierno de Syriza en Grecia, el sorpasso de Podemos en España, el Cinco Estrellas de Italia, el auge de Le Pen en Francia, el partido Geert Wilders en Holanda, el Jobbik en Hungría, etc. 
Hay ahí, en algunos, una clara radicalización de posiciones políticas -Ay¡¡-, una aceleración hacia el extremismo, el de la derecha y de la izquierda. Pero quedarse solo con esto es seguir viendo las cosas según los análisis que hoy han fracasado con Trump.
La mayor parte de los análisis que se han venido haciendo hasta la fecha se hacen cargo estrictamente de categorías racionales, esas que tienen que ver con lo que comúnmente llamamos el sentido común, la sensatez, etc. Analizan lo que un sujeto racional podría hacer según sus intereses, pero siempre desde la óptica de que el sujeto pasaría horas y horas deliberando consigo mismo, pensando arduamente los pros y los contras de todas las propuestas y que se decidiría por la más estable, equilibrada y sensata. Que pensarían en hacer lo mejor para él mismo y el bien común. Y esto, además, pensando en su futuro. Analizan lo que el sujeto haría, o le convendría, en el futuro cercano, o a medio plazo, para solucionar así sus carencias o necesidades no satisfechas. Este análisis hay que tirarlo a la basura. 
Hay que empezar a tener en cuenta, sobre todo, las categorías emocionales y pasionales de las personas: sus afectos, sus miedos, sus fobias y sus anhelos, y por encima de todo sus odios, sus resquemores más profundos. Hay que analizar al sujeto emotivo, sus deseos y sobre todo las causas que le procuran tanta frustración e indignación. Lo irracional (dicho de modo entendible, aunque hay más) se tiene que convertir en categoría política. La gente tiene raciocinio sí, pero también tiene entrañas.
Ese es el hilo de plata que une a los movimientos de más arriba. Las entrañas de la gente, de derechas de izquierdas, de arriba y de abajo, de la vieja Europa y de EEUU. Toda la gente tiene entrañas. En apariencia, estos partidos no pueden ser más distintos, pero en el fondo hacen lo mismo: llamar a la gente encabronada, indignada, frustrada, gente que sufre en su día a día, que no llega a fin de mes, que perdió su trabajo, su sustento, que no consigue lo que quiere, lo que necesita y que tiene que apoyar a políticos que se salen del espectro establecido, del establishment poderoso (Hillary es lo más establishment que hay¡¡). 
Se acabó la búsqueda de las opciones más equilibradas, más sensatas. Se acabó sólo mirar y analizar el sentido común. Queremos resarcirnos de los golpes, que alguien haga aquí justicia. O, directamente, queremos venganza. Y sobre todo, se acabó mirar al futuro. El pasado es lo que más importa ahora: en el pasado es donde se cometieron todas las cosas malas contra nosotros los indignados, los cabreados, los frustrados: aquellos tienen que pagar lo que hicieron. 
El voto de castigo tiene que analizarse sí o sí. No se puede menospreciar. ¿Cuánto voto de castigo a los 8 años de legislatura Obama se ha llevado Hillary, cuánto voto de castigo se ha llevado el apellido Clinton? Muchísimos, seguro. Hay que empezar a analizar el cabreo de la gente. No subestimar nunca más los aspectos irracionales y psicoemotivos del votante.
Y los analistas lo llaman populismo. Lo dicen de manera despectiva, hiriente incluso. Y no es una minucia. Esta simple etiqueta se ha convertido en realidad dominante del mundo actual. En todo el occidente tardocapitalista. Hay que empezar a verla con otros ojos. Dejar de despreciar lo que significa. La política, toda ella, todos los partidos, van a esto. 
La política de las emociones. La política del dolor. La política de la frustración. Es la Psicopolítica. 
Esta política busca tocar las teclas emotivas de la ciudadanía. Apelar al espíritu crítico y racional de la gente será una moda que no estará de moda. Hay que mantener de modo constante estados emocionales de convulsión, o de pánico, o de miedo, o de indignación, etc. según a quien interese. De este modo, en el futuro, las campañas electorales no se harán para ver qué programa político nos conviene, !que va¡ Será qué oleaje emocional arrastra a más gente. Depende del partido que sea, apretará determinadas teclas emocionales y pasionales en su electorado. Ese el futuro target de la política: sentimientos, emociones y afectos. 
Si analizamos las elecciones de EEUU basándonos en la psicopolítica, no es extraño que Trump haya ganado las elecciones.

PD: Oído... Lipset. Siempre hay que hacer caso a los buenos y puntillosos expertos que están al pie del cañón. 

2 de noviembre de 2016

Sobre vieja y nueva política.

75.

Gana el que gana y hace lo que le da la gana. Y el que pierde se hace la víctima. Hasta que gira el mundo gira y cambian las tornas. De prepotencia y victimismo estaba hecha la política en nuestra sociedad. Esta era la vieja política. La de vencedores arrogantes y perdedores emasculados.
Pero llega este momento en el que el perder y el ganar terminan metidos en una zona de confusión. Porque sumando por aquí y restando por allá, la cosa termina en que has perdido lo que ganaste, o terminas ganando lo que perdiste. Esta es una nueva política que se va abriendo paso. Quizás no sea la única.
Esta es una sociedad que no está acostumbrada a negociar o a dialogar (preferimos imponer, pero antes que el otro haga lo suyo, preferimos perder, para luego hacernos la víctima). Que nunca quiso ser práctica para detectar sus necesidades más perentorias y conseguirla (el paternalismo benefactor desbocado tiene los efectos que tiene). Que prefiere centrarse en lo diferente antes que lo común (buscar culpas y culpables antes que soluciones para una mayoría). Y mucho más. 
No es extraño que la clase política esté en pañales en lo tocante a alianzas, ententes o convenios. Es en este caldo de cultivo social, el pacto aparece como una traición.
El peor problema de esto es que muchos siguen siendo grandes negadores de la realidad, y prefieren partirse la crisma contra el muro antes que buscar soluciones alternativas. Si no ganas por la forma antigua, ¿cuándo aprenderás a ganar por la forma moderna? 
Lo que viene en los años venideros es la negociación y el pacto. Y la sociedad tendrá que ir aprendiendo a negociar y a pactar. Dejar los dogmatismos y las purezas en el cajón. Hay que llegar a las negociaciones ya llorado de casa.

30 de octubre de 2016

¿Y dónde me coloco?

74.

Nunca me he sentido identificado con los programas políticos de los dos grandes ideologías. Sin embargo, socialistas y populares, en sus respectivos momentos de gobierno han realizado cosas positivas (y negativas). Ocurre que en el relato actual, en boga, tienen que ser denostados, y llevados al fango.
Está la mal llamada 'nueva política' que o bien es un remedo bien educado de los de siempre, o una caterva de haters y trolls con títulos universitarios que han montado en cólera y quieren llevarse por delante todo 'lo viejo'.
Sigue haciendo falta algo, sigue siendo necesario llenar un hueco. Algo nuevo que sea capaz de seguir articulando lo bueno que sacaron adelante 'los viejos'. Pero con un espíritu pragmático, centrado en negociar las cosas, buscando acuerdos que acojan la mayor parte de las necesidades de la sociedad.
Pero, igual que hubo un mal tiempo para la lírica, es muy mal tiempo para el utilitarismo, la buena voluntad negociadora, un espíritu crítico constructivo y la mesura. Se ha impuesto la política de la performance, del chascarrillo twittero, la política faltona y llena de improperios e insultos. Y metidos en esa vorágine cualquiera que no se cague en los muertos de Rajoy es un colaboracionista. Como si hubieran desaparecido, de repente, todos los grises intermedios. Si no estás con Podemos no eres un verdadero demócrata.
Y ahora vivimos en internet, en las redes sociales, y aquel es el reino de haters y los trolls que presionan y presionan constantemente. Sin parar, ni de día ni de noche. La gente, como dicen ellos, ahora está en internet, porque esa red de redes es ahora tan calle como la calle de siempre. Y salir a la calle significa seguir presionando en internet. Todos los días y todas las noches. Manteniendo el nivel de sofoco y derrotismo tan elevado como se pueda, hasta conseguir lo que quieren o hasta reventar la sociedad desde dentro de cada uno de los hogares.
Los que no queremos esto, y los que no queremos la política de los viejos y sus corrupciones, ¿dónde nos colocamos?

21 de septiembre de 2016

Politizarlo todo

73.


Politizar las emociones, el dolor y el sufrimiento, hasta el miedo y el amor. Es uno de los sinos de nuestro tiempo que choca con el signo del pasado.
La política siempre pensó de sí misma que se manejaba mediante argumentos racionales y objetivos. La política es una actividad humana que tiene digestión racional, decían. Se trataba de convencer a la razón de la gente de que hay razones de peso para que apoyen a una determinada ideología, un determinado partido, un determinado programa. 
Pero ocurre que llegado el posmodernismo, se introducen en el debate político una serie de variables que no aparecen ni objetivas ni racionales según los parámetros implícitos. Del mismo modo que se apela a la razón del individuo, puede apelarse a su estómago, a sus entrañas, a sus emociones. 
La historia nos cuenta que los primeros que empezaron con esta nueva forma de hacer las cosas fueron los nacionalistas. Fueron estos los que empezaron a tocar la ‘fibra sensible’ de la gente, recurriendo a una serie de sentimientos inveterados. 
De repente, la política no apelaba a la razón sino al sentido identitario. La izquierda posmoderna (para diferenciarla de la ya clásica socialdemocracia) sigue ahondando por esta senda. 
La (supuesta) argumentación racional política parece que encontró, en estos tiempos hodiernos, un tope. Y la impotencia les lleva a llamar populistas y demagogos a los que no tienen problemas en utilizar estas herramientas.
Vista la gran capacidad de movilización que este modus operandi tiene, no es de extrañar que los políticos (clásicos) comiencen a usarlo. Me parece evidente, que el mensaje directo a la parte emocional de la gente, tiene ahora más peso que la argumentación racional política. Claro que esto no será siempre así, y la política de las emociones, del dolor y del amor también llegará a su techo y será reemplazada por otra cosa.
Decía Bob Dylan, en una de sus magníficas canciones, que los tiempos están cambiando. Cambian y seguirán cambiando, hasta el fin.

4 de septiembre de 2016

El espantajo político.

72.


Convertir en espantajo al adversario es una técnica política básica. 
No se trata a ese otro como interlocutor válido. Hay que mostrarle a los tuyos que el otro, el que no comparte los propios ideales ni se tapa detrás del mismo logotipo, es un ser despreciable. Como es un sujeto indigno, y nosotros estamos revestidos de una superioridad moral intachable, está justificado el tratarlos como si fuera escoria.
Esta técnica entiende la política como lucha para alcanzar hegemonías y no como negociación para llegar a acuerdos. La solución a los problemas sociales no llega a través del diálogo comunitario entre interlocutores con distintos programas, sino a través de la derrota de todos los otros. 
Pero abusar de esta técnica, llevar la violencia política más allá de lo razonable provoca terribles consecuencias. Puede verse -mejor que en cualquier caso- las terribles consecuencias que trae la superioridad moral basada en la ideología.

25 de agosto de 2016

Mitos y Leyendas

71.


Destruir es más fácil que construir. Echar por tierra las ideas de los otros, negarlas y criticarlas es más sencillo que buscar puntos de encuentro. Esto parece demostrarse en la llamada ‘unidad de las izquierdas’. No necesitan mucho para coincidir en el origen de los males del mundo, por ejemplo (el Capital, la Banca, los neoliberales, etc.) pero luego son incapaces de articular un proyecto conjunto. La superioridad moral con la que se conducen y toda la verborrea que se gastan no les sirve para nada, se muestran impotentes para diseñar un programa común, con medidas concretas, útiles y productivas. Como son incapaces de trasladar a la realidad tangible esos supuestos ideales compartidos, terminan por acusarse, mutuamente, de no ser la auténtica y más pura de las izquierdas. Lo que comenzó siendo un proyecto legendario, a nivel abstracto, termina siendo un auténtico fiasco, en la realidad política.

Estupidez y Política

70.

La política se nos aparece como una solemne estupidez si observamos con detenimiento la postura de los políticos respecto a detentar los gobiernos. Veamos.


Para que un partido político (y la ideología que está detrás), cualquiera de ellos, pueda hacer realidad sus proyectos necesita poder, esto es, necesita una mayoría para implantar sus medidas. Cuando eso ocurre, arrecian toda clase de acusaciones de autoritarismo, de dictadura, etc., incluso cuando las mayorías son conseguidas legal y constitucionalmente.

Bien, quitemos las mayorías absolutas.

Ahora, los partidos políticos (y las ideologías que están detrás) tienen que ponerse a dialogar, a buscar elementos comunes, a formalizar puntos concretos de acción, etc. Cuando eso ocurre, arrecian las críticas contra unos y otros. Que si las negociaciones rompen con la pureza de los ideales, que negociar es claudicar ante el enemigo, que hablar con el otro es dar bandazos y no ser fiel al programa primigenio, que si existen líneas rojas que no se pueden traspasar, que las reuniones parecen una subasta de sillones, etc. 

Bien, quitemos también las negociaciones.

Entonces, ¿qué nos queda, si no vale ni lo uno ni lo otro? Los políticos son estúpidos profesionales, porque hay una gigantesca imbecilidad en quejarse de una cosa y también de la contraria. 

22 de agosto de 2016

Avanza o muérete.

69.

En los mundos de Yupi, con unicornios volando por cielos azules y límpidos; y la miel, y el maná brotando por doquier, puede uno escoger entre lo bueno y lo malo. 
En el mundo real de este verano, y su calor pegajoso, hay que optar entre lo malo y lo peor. Más quisiéramos tener la posibilidad de preferir lo bueno sobre lo malo. Pero no es el caso. 
Lo que sí es difícil que entre en la dura mollera de algunos -eso parece-, es que no hay decisiones, ni preferencias, ni opciones definitivas, irreversibles y eternas. Cada decisión no es la decisión definitiva que traerá la justicia y la verdad eterna a la sociedad. 
En esta sociedad, en política, todo es reversible. Mañana, o pasado, o en primavera volverá a salir el dilema. Habrá que volver a elegir, seleccionar y votar. 
Y volverán los del unicornio, los del maná milagroso, a pensar que tienen la posibilidad de elegir entre el averno (que siempre es lo de los otros) y el paraíso (que siempre es lo suyo).
¡Es tan infantil¡ Despertad, que el mundo no se termina si vosotros no elegís lo que hay que hacer. 
No hay nada tan humano como ponerse de acuerdo (en mínimos, siempre acuerdo de mínimos), incluso en las peores condiciones, con tu peor enemigo. 
Es nuestra humanidad: adaptarnos para sobrevivir y seguir adelante incluso en las peores condiciones.

21 de agosto de 2016

Orgullo y Admiración.

68.
Simone Biles

El espíritu olímpico, en particular, y el espíritu deportivo, en general, nos muestran una serie de valores positivos que son trascendentales en nuestra vida. 

La cultura de la entrega, de la dedicación, del trabajo duro y productivo, de la unión de mentes y esfuerzos, de la participación dando lo mejor que lleva uno dentro y mucha más cosas. También es la cultura de la victoria, del éxito y del triunfo.

La cuestión que saco a colación es que no hay lo segundo si no existe lo primero. Y la crueldad de los tiempos que vivimos nos hace olvidarnos de todos aquellos que no ganaron, que descuidemos a los que no triunfaron, y que ninguneemos a los que no vieron cómo el éxito les sacó en las portadas. El olvido se apodera de todos ellos. Y, en no pocas ocasiones, el desdén de muchos.

Lo que las Olimpiadas nos tratan de explicar -a pesar del dinero, la publicidad y las marcas comerciales-, y hemos olvidado, es que lo importante es participar dándolo todo, por uno mismo y por el grupo de gente que comparte tu existencia (el país). Los atletas que participaron y no subieron al podio lo saben; también lo saben sus familias. No me atrevo a llamarles perdedores. No puedo, ni quiero. 


Patty Mills

Bravos y olés por todos los que, y las que, ganaron medallas. A los que, y las que, compitieron con honor y esfuerzo mi reconocimiento, mi admiración.

#orgullosodetodosellos
#orgullosodetodasellas 

2 de julio de 2016

Una explicación (tentativa y provisional) del 26J, a quien quiera escucharla.

67.


En estos últimos días, tras el 26J, han arreciado toda clase de insultos contra los 7.906.185 votantes del PP. También, en menor medida, contras los de C's (3.123.769) y los del PSOE (5.424.709). Les están llamando de todo, y nada bonito. Me voy a centrar en uno de las ideas más comunes que anda por ahí: la del ‘voto del miedo’.

1. Yo los llamo -nos llamo- conservadores antropológicos. Es una categoría instintiva, digamos que "psicoemotiva", antes que política. De algún modo, todos somos conservadores antropológicos. Unos más que otros, también es cierto. Sobre ésta -luego- se monta, o no, una estructura más elaborada y compleja de ideas y supuestos que reconocemos como conservadurismo (el señor de derechas).

2. Aquí se está utilizando el 'miedo' de forma despectiva, e interesada. Como si el miedo fuera algo que pudiera ser controlado fácilmente y sin problemas de forma voluntaria y consciente. Y uno decide ponérselo y quitárselo como unas gafas. Y no es tan sencillo, desactivar lo que estos llaman ‘miedo’. No hay nada fácil en el manejo del miedo.

3. Algunos olvidan que estamos dotados del instinto de supervivencia, del instinto de huida, y alguno que otro más, que provoca que tratemos de conservar nuestra existencia, nuestro ser, en el nivel más básico y elemental. Incluso los más avezados progresistas poseen estos instintos.

4. Lo que estos interesados llaman 'miedo' -despectivamente, como si fuera una especie de lacra personal-, yo lo llamo conservadurismo antropológico. Es la necesidad vital que poseemos de comodidad, seguridad y confort personal y social. Esta misma necesidad nos hace que tengamos aversión a todo aquello que sea un peligro para nuestra estabilidad, en varios niveles (emocional y afectiva, social, laboral, etc.).

4. Cuesta reconocerlo, pero la campaña electoral del PP ha sido más acertada que la campaña de PODEMOS. Podemos, durante su génesis, ha estado apelando a un nivel elemental de emociones en su electorado; toqueteando una serie de teclas que han hecho aflorar todo un universo de indignación que estaba reprimido. Esa masa crítica de enfado, cabreo, rabia, ira, ha llevado a Podemos a donde está; muy arriba. El PP parece haber ‘copiado’ ese modus operandi durante la campaña. El PP se ha centrado en tocar las teclas del conservador antropológico que todos llevamos dentro, con pingües beneficios.

5. Ante la agresividad visceral de Podemos mucha gente ha decidido actuar en ‘defensa propia’. La hipercrítica de Podemos no ha terminado de activar la parte racional (y kantiana) de la ciudadanía. Ha hiperactivado (en su contra) el instinto de conservación de mucha gente que no quería perder lo que ha conseguido con esfuerzo, dedicación y sacrificio. Mientras, Podemos apelaba al imperativo categórico e incondicional de la gente (que hiciera caso a los muchos casos de corrupción).

6. El conservadurismo antropológico es instintivo, nos sale de adentro. Pero siendo así, no anula la función crítica: seguimos viendo lo negativa que es la corrupción; seguimos indignados con los corruptos. Lo que ocurre es que en situaciones de estrés (las campañas electorales someten a mucha presión a la ciudadanía), lo instintivo y lo crítico son dos antagonistas irreconciliables que se ponen a ‘jugar’. Y, lo normal es optar por lo que consideramos más seguro: gana el instinto. A la gente le jode la corrupción pero más le jodería quedarse sin lo suyo, lo que ha conseguido, lo que ha ahorrado, etc. Porque entiende como mucho más temible y peligroso para su integridad, la irreversibilidad de la pérdida de lo suyo.
  
7. Es necesario un proceso educativo y formativo que impida que esta actitud prudente, que cuida de uno mismo, no se termine convirtiendo en conformismo, en desconfianza ante lo novedoso, en insolidaridad, en injusticia social, en inmovilismo, en incapacidad para seguir progresando, etc. Hay que educar a la gente para que cuando lleguen estos momentos de presión sea la razón crítica la que actúe y no los instintos. Pero está demostrado que como elemento educativo, el insulto, el menoscabo y la vejación, son poco efectivos. Si alguien de Podemos quiere convencer del error que cometió el votante del PP al votar al PP, insultándolo hasta la nausea, no va a conseguir 'reeducarlo'. Terminará votando al PP como salvaguarda de la propia autoestima. Cuando uno recibe insultos de todos los colores, lo normal, e instintivo, es defender la propia integridad, la propia estima.

8. Si la lectura que hace Podemos de estos resultados es apretar más todavía, elevando el nivel de estrés de la gente (seguir insultándola por todas las redes sociales), la cosa no le irá nada bien. Con lo listos que son, ¿nadie ha pensado en persuadir, por las buenas, a una buena parte de los que votaron a los partidos de siempre? No casa, más bien chirría, que el partido de "la sonrisa de un país" tenga la agresividad de un garrulo portuario. Si quieren que más gente les vote, lo que debería de hacer es tranquilizar al conservador antropológico que llevamos dentro: con las cosas de comer no se juega. Si la ciudadanía ve peligrar ‘lo que es suyo’, no les apoyará (el sustento, la paga, la pensión, su sueldo, sus propiedades, etc). Aquí es clave la cuestión de la percepción, de la estimación de la gente. Tienes que persuadir a la ciudadanía de que tus planes económicos y sociales son creíbles y realistas; y sobre todo tranquilizadores.

9. Si la lectura que hace el PP de estos resultados es que tiene barra libre para seguir haciendo y deshaciendo a su antojo, la cosa no le irá nada bien. La carta del conservador antropológico también tiene un límite de eficacia. Y si no hay regeneración, si no hay lucha enérgica contra la corrupción, si no hay una ayuda eficaz a los más necesitados (los desahucios por ejemplo, los millones de parados por ejemplo) toda esa gente que los votó por ser un valor seguro dejará de hacerlo.

10. Un último apunte estratégico. Hay aquí un cálculo racional que hay que hacerse sobreponiéndose a la indignación de los malos perdedores. Con todo esto, después de ganar las Elecciones, el PP no tiene asegurado el Gobierno. Aunque, me parece, que otros comicios (los terceros) serían una catástrofe tremenda. Mucha gente se cabrearía de tal modo que no iría a votar. Y otra gente iría a votar con el botón del pánico apretado, con lo que el PP sacaría más votos todavía (cosa que C’s y al PSOE no le interesan nada). Algunos tendrían que darse cuenta de que va a ser una legislatura corta o muy corta. Esta batalla está perdida. La vida sigue, no se acaba el 27J. Se trata de estar preparados para la siguiente batalla, la que vendrá dentro de 2 años, con caras nuevas, con cambios en el escenario de fondo, con otra Europa, etc.  

27 de junio de 2016

Intercambio de golpes, de insultos. No es rentable.

66.

Dice mi amigo Omar Temprano, con infinita sabiduría, que “media España piensa que la otra media es gilipollas”. Y añado: a media España le da vergüenza lo que ha votado la otra media.
Y no han parado en toda la noche:
los “Idiotas”,
los “Imbéciles”,
los “Gilipollas”,
los “Ignorantes”,
los “Cómplices de los corruptos”.
Y no han faltado:
los “Cabrones”,
algún que otro “Hijosdeputa”,
y, por supuesto, “País de mierda”.

Mucha gente se esperaba otro resultado y su decepción es máxima. Es gente muy frustrada, que no quiere -o no puede- encajar la derrota. Ni aceptar la realidad de una sociedad a punto de partirse, quedándose ellos en un lado del roto (cada uno piensa que se queda en el lado ‘bueno’). Un país, con mucha gente frustrada que no sabe perder, con un montón de gente eufórica que no sabe ganar, es un país con un serio problema. Ergo, nuestro país, esto es, nosotros, tenemos un gran problema. Problema que no van a solucionar las urnas, por descontado. Ni tampoco el intercambio de improperios.

Algunos tendrían que plantearse seriamente la estrategia de la rabia, el cabreo, la descalificación y el cordón sanitario. Por razones prácticas, básicamente. Su rentabilidad tiene un límite. Ésta (la estrategia de la rabia y demás) tiene un techo productivo de votos -me parece que ha quedado demostrado este 26J. Del mismo modo, desahogarse insultando al que no ha votado como uno, llamándolo gilipollas, corrupto o cómplice -y otras cosas más groseras- no hace sino reafirmar al que votó lo que votó. Pongamos el caso contrario: el votante medio de ‘Podemos’, cada vez que oye lo de Venezuela, lo del comunismo, lo de la Independencia, lo del apoyo a ETA -y otras groserías mayores inadmisibles- se reafirma en su voto. Del mismo modo, el votante del PP cada vez que veía los multitud de memes groseros en su contra, se reafirmaba en el suyo. El intercambio de insultos y menosprecios no sirve para aumentar tu renta de votos.

Hay que ser un poco más frío en este momento, eso pienso. Porque saber encajar el golpe, con serenidad y entereza, no es darse por vencido, ni bajar los brazos, ni tampoco rendirse. Mantenerse entero, sin desbarrar, hace mejor servicio a la justicia futura (doquiera que ésta esté) que la animosidad, la rabia o el desahogo emocional incivilizado contra tu vecino, tu compañero de trabajo, tu amigo, tu hermano, tu padre o tu hijo.

Un poco de ironía tampoco está mal. “Keep Calm”, que el mundo no se acaba esta noche. E ir más allá del exabrupto puntual. Hay que superar el cabreo. Hay que estar tranquilo. Aprender de los errores. Aceptar las reglas de juego. Habrá elecciones muy pronto. Habrá más noches como ésta. Y seguramente serán los otros los que insulten a los que esta noche se han hartado de insultar y menospreciar.

Soy de los que piensa que el cambio auténtico que ha de venir -ese con el que unos se llenan la boca- no empieza con bilis rabiosa rebosando tu discurso. Ni con decenas de memes insultando al contrario. Todos los partidos prefieren a sus votantes con un alto grado de emocionalidad desbocada. Las redes sociales amplifican esa animadversión, magnifican el odio, haciendo que la gente se pierda el respeto mutuo.

Pero, aunque cueste entenderlo en estos momentos de decepción, sin respeto mutuo no vamos a ningún sitio.

22 de junio de 2016

La democracia vestida de odio

65.

Las (nuevas) Elecciones ya están aquí. Faltan pocos días. Y están todos los candidatos muy entretenidos convenciendo a la gente para que les vote no con propuestas de mejora del futuro sino con el juramento de que no pactarán con tal o con cual. ¿Cómo le sienta a la democracia el traje del cordón sanitario contra los partidos y los políticos? ¿Cómo le sienta a la democracia el traje del veto y las líneas rojas? Mal, le sienta fatal. Si el traje de la corrupción le sienta mal, el traje del odio le sienta aun peor.

El traje de odio que lleva esta democracia empieza así, con memes como éste:
Algo genérico. Una idea que puede servir tanto de unos hacia otros, como de los otros hacia los unos. La democracia, con este traje, es el régimen político y social donde uno puede insultar a su vecino y pensar que lo que está haciendo es de justicia. Cagarse en los muertos del otro, insultarlo gravemente, acusarlo de esto y lo otro, hacer burla y escarnio porque sí, porque no vota lo mismo que tú.
Y luego, como este tipo de mensajes inespecíficos no hacen daño, nos metemos, directamente, con balas de calibre más grueso.
Esta nueva democracia que vivimos debe permitir faltar al respeto a los 3.500.541 de votantes de este partido. Claro, en esta democracia hater uno puede -y debe- decir lo que piensa y siente. El sincericidio de los idiotas, pero en un nivel generalizado y espantoso.

En éste, toca hacer oprobio de la decisión de 7.215.752 personas que decidieron, libremente, votar esta opción. Claro, en esta nueva democracia se puede -y se debe- descargar todo el odio y la rabia contra las opciones políticas conservadoras, por ser eso, conservadoras. Gracias a Dios, está internet que sirve de plataforma amplificadora de todo ese odio, toda esa rabia y animadversión.
Y aquí, por último, toca hacer escarnio de la voluntad de 3.182.082 personas que decidieron optar por este partido. En este nuevo viento democrático el hedor todo lo llena y nadie puede decidirse por su opción política sin que llegue otro y afee tu ideas y creencias. 

No voy a seguir poniendo memes, algunos de ellos contienen insultos de una gravedad cierta y notoria. Suficiente encanallamiento ahí ya en la campaña electoral. Curiosamente, muchos demócratas llaman imbéciles (y otras cosas) a los contrarios -sintiéndose encantados de ello- y se rasgan las vestiduras cuando alguien hace lo mismo en su contra. Siempre fue muy fácil ver la paja en el ojo ajena y no hacer caso de la viga que tiene clavada en el propio.

Disfrutemos con fruición de estos nuevos y maravillosos ropajes con lo que se viste la democracia. Y a partir de lunes, seguid intercambiando memes cada vez más procaces e insultantes. Porque el complemento idóneo para este línea de ropa, de la nueva democracia, es no saber perder, no saber encajar la derrota.



20 de mayo de 2016

Quebrar a los moderados.

64.

Comenzó poco a poco. Pero el ruido se ha ido acercando. Y ya lo tenemos aquí. En este enfrentamiento que estamos viviendo -en el que todavía hay que ponerle nombre a los bandos-, en este momento de la contienda, se trata de quebrar a los moderados. 
Romper a esa mucha gente, que estando situada ideológicamente a izquierda o derecha, todavía mantiene una actitud de mesura y prudencia. 
Atacar a esa gente que, preocupados por lo que pasa, se contiene y no quiere dejarse llevar por los extremos. Hacerle daño a esa gente que siendo equilibrada en sus críticas a los desmanes que padecemos, no se siente cómoda con los aspavientos, que no hace suya la política de gestos destemplados de unos y otros.
A estos moderados hay que quebrarlos, repito. A estos hay que polarizarlos, hacerles abandonar su equilibrio. Hay que denigrarlos, ensuciarlos e insultarlos, golpear sus entrañas, sacarlos de sus casillas. 
El enemigo de los extremistas no está, primariamente, en las filas contrarias. El primer enemigo es el moderado que milita en tus filas. Por ejemplo, el primer enemigo que tiene que derribar el fundamentalismo religioso es el creyente moderado y tolerante. Cuanta más gente pierda el equilibrio, cuantos más fanáticos logres convertir, más fuerza tendrá tu facción. Es el mundo de blancos y negros, de conmigo o en mi contra.
En la política española está pasando algo similar. Estamos viviendo una serie de situaciones que parecen compartir una línea estratégica clara. Ensuciar los lugares comunes, envenenar las posiciones compartidas. Que las legislaciones que hacen comunidad queden pervertidas. Que todo caiga en el sinsentido, en un surrealismo insultante que produzca asqueo. Que la historia que compartimos, y que nos ha traído hasta aquí, aparezca ahora como una historia de horrores. Nada de lo anterior es válido (por un lado) o todo lo que está por venir es peligroso (por el otro). Al final, los moderados terminarán peleándose entre sí; terminarán enfrentados y no reconocerán todas esas cosas que comparten.

17 de mayo de 2016

La burrocracia apesta

63.


Sí, la burrocracia en este país apesta.

No es, exclusivamente, una observación maliciosa provocada por el enfado tremendo de perder media vida (una mañana, realmente) en trámites administrativos. ¡Qué también! Pero hay hechos objetivos que son insoslayables.

Las oficinas están atestadas de gente. Sumamos los calores primaverales del sur. No hay aire acondicionado. Eso, o no quieren ponerlo. Pocas ventanas y la mayoría cerradas. La humanidad se apegotona en pequeñas salas de espera y suda. 

El calor es mal compañero de viaje en el tránsito administrativo. Le sumamos el estrés que supone tener que contarle a un extraño cómo es tu vida financiera. Y le sumamos también el encabronamiento propio de ser tratado como ganado por el Estado, al hacinar al personal después de hacerle pasar por varios mostradores y colas interminables.

Sudamos, transpiramos y, finalmente, apestamos. Y el hedor pasa de nuestros cuerpos al edificio administrativo estatal. Nuestro cuerpo funciona así, es algo que no depende de nuestra voluntad.

PD: A los que trabajan allí (seguramente, a la mayoría) habría que ponerles un monumento. Eso o dejarles poner el aire acondicionado en mayo.

14 de mayo de 2016

El tubo de escape

62.

Una de las partes más importantes de todos los coches es el tubo de escape. Pregúntele a su cuñado experto en mecánica del automóvil qué le ocurre a los coches cuando se gripa el asunto.
Pues bien, no piensen que los seres humanos somos muy distintos de los motores de explosión y de los coches. Todos y cada uno de nosotros necesitamos un tubo de escape. Una actividad que nos ayude a expulsar del alma, o de la mente, todos las cosas nocivas que nos atenazan. Cuando no las expulsamos éstas se apoderan de nosotros envenenándonos. Luego, la reparación del coche -y de la mente- nos cuesta un riñón.
No lo duden, buscad un tubo de escape -por su salud-, evacuad por allí las tensiones, las angustias y los miedos.

10 de mayo de 2016

Los 'morituri'

61. 


Ave Caesar, morituri te salutant, 1859.
Jean-Léon Gérôme. The Yale University Art Gallery

Desde que el mundo es mundo existen personas que están especialmente capacitadas para la violencia física. Cuando los antropólogos e historiadores nos cuentan la historia de la división del trabajo, lo de la caza y la recolección, la agricultura, la artesanía y todos eso, se obvian otras grandes especializaciones culturales humanas que aparecieron tempranamente: el hombre cuyo oficio era el contacto con el cosmos, o con la muerte, o con las fuerzas de la Naturaleza (el chamán), el hombre cuyo oficio es la violencia física directa (el soldado) y la mujer cuyo oficio era el placer sexual (la puta). Hoy me hago eco de la violencia. 
En ningún otro sitio como en Roma, la cuestión del hombre cuya existencia toda rondaba en torno a la violencia, llegó a exponerse de manera tan fehaciente. El Gladiador era una de las figuras claves que nos explican el Imperio Romano. Pero creo que va más allá de eso. El gladiador (y el espectáculo de gladiadores) explica un montón de cosas del ser humano.
Porque claro, harina de otro costal sería reflexionar por la tremenda influencia y fascinación que tiene la violencia sobre nosotros. Y muchos piensan que eso era cosa de los antiguos, ¡esos bárbaros! Visionan, claramente, a esa gente chillando a la arena para que se despedacen los gladiadores. Y sin embargo no relacionan eso con esa otra gente jaleando y bramando desde la redes sociales para que se despellejen los políticos entre sí. Y ya se cruzan apuestas de si el día 26 habrá más sangre vertida de votantes del PP o de Podemos. 
Como decía Voltaire la civilización no acaba con la barbarie, lo que hace es perfeccionarla.


Pollice Verso, 1872.
Jean-Léon Gérôme. Phoenix Art Museum


Naumáquia, 1894.
Ulpiano Checa. Museo Ulpiano Checa.

24 de abril de 2016

Un momento hermenéutico en el cine: la decisión de Katniss.

60.


Es un momento extraño, lo sé. Un momento que decepciona a todos los que esperaban un final perfecto, de esos donde las piezas encajan y se apaciguan los ánimos. Pesimista, calificarán a este final. Pero es un momento de desengaño sólo para todos aquellos que no entienden lo que Katniss Everdeen tiene ante sí. 
Es un momento místico e irracional, dirán algunos. Es un momento totalitario, pesarán otros. Para mi, claramente, es un momento hermenéutico, de una lucidez manifiesta.
Snow es un muerto en vida. Su tiempo se ha agotado, finiquitado queda el horror que procuró a la gente. Sabe que si le dispara, desperdiciará una flecha. La turba enfurecida se encargará de él. Porque toda muchedumbre furibunda necesita un chivo expiatorio al que arrancarle las entrañas. Y éste hizo merecimientos de sobra para ser desmembrado entre horribles sufrimientos.
Entiende, lo comprende, capta el sentido profundo de lo que allí sucede. La cuestión está arriba, sobre el podio: Alma Coin. Lo que Coriolanus Snow hizo por la derecha es lo que la Presidenta Coin está comenzando a hacer por la izquierda. Y allí mismo, durante los próximos 75 años, sus hijos y nietos tendrían que volver a pelear por sus vidas. Esta vez con otra propaganda, con otros panfletos, con otras banderas, con otras propos. El Sinsajo lo vio claro en ese momento. Y es en este kairós, en ese momento justo y exacto, en el que actuó matando a Coin.
Las novelas -y las películas- defienden la tesis de la ingobernabilidad del ser humano. [Claro, ésta, como cualquier tesis puede ser argumentada y rebatida; se le pueden presentar críticas y añadir adhesiones.] Y ese momento final es tan importante porque supone un corolario de todos los argumentos que propone la autora. El problema es vivir en sociedad. Y da lo mismo que sea un criminal de derechas u otro de izquierdas el que ejerza el gobierno, porque en una sociedad de masas, el socialismo es tan temible como el capitalismo. El problema es la vida en gran comunidad, en masa, en enjambre. Allí está el poder, la política, las audiencias, la competencia, los dirigentes, los líderes, la muchedumbre gritando, los uniformes grises y la pelucas de colores, la violencia y las infinitas formas de horror. Y por eso el epílogo sucede en el campo, con Katniss alejada del mundanal ruido, arropada sólo por su núcleo familiar y una pequeña comunidad de allegados. Mientras el ciclo sigue. Ella ha pagado el precio y puede permanecer al margen. Es posible que sus hijos e hijas, sus nietos, no lo hagan. No faltarán a la cita con la historia, el nacimiento de un nuevo Snow, de una nueva Coin. La clave está, así lo veo, en la ejemplaridad del Sinsajo: su irrenunciable individualidad (¡y eso que Katniss no leyó el Zaratustra de Nietzsche!), el no tomar nunca partido por ninguno de los poderes fácticos que se alzan en las sociedades, su misericordia por los verdaderamente necesitados.

14 de abril de 2016

La rueda del odio

Y la rueda echa andar. Un ataque y su respuesta. Una afrenta y su respuesta. Un muerto y su respuesta. El odio y el odio es su respuesta. Ataques y contraataques. La rueda gira y gira y la inercia es cada vez mayor. Y ya no hay quien pare el odio. Porque para parar ese odio tienes que terminar renunciando a lo que eres. Porque el odio se mete tan dentro que termina inoculando tus principios, tus costumbres, lo que entiendes por razón, verdad y justicia. Para parar el odio tienes que voltear todo tu mundo. Y no quedan dragones bajo los cielos capaces de lleva a cabo semejante tarea.

Maestro Mirssa de Boggelund.