7 de agosto de 2017

Convivencia

93.


No existe un PP separado de una sociedad conservadora, como no existe un PSOE separado de una sociedad progresista, ni existe ahora un PODEMOS separado de una sociedad posmoderna. 
Estos partidos emergen como la espuma de esos grupos sociales, cada vez más transversales. 
Eliminar, por profunda animadversión, cualquiera de los tres partidos provocaría el nacimiento de otro movimiento político concreto, con otras siglas, con otras caras. 
Nadie garantiza que eliminado el partido se desactive el compuesto social, sus valores, sus referentes, etc.
Nadie garantiza que el nuevo surgimiento no sea más fuerte que el anterior y termine provocando justo lo contrario de lo que buscabas al eliminarlo: más votos, más apoyo, etc. 
La única manera de eliminar al PP de esta sociedad (o a los otros dos) es mediante el genocidio de la parte de la sociedad de la que emerge el partido (o de las otras).
El orden constitucional del 78, que para algunas cosas ha demostrado ser una auténtica mierda pinchada en un palo (la metáfora es malsonante pero no por ello menos cierta), por lo menos garantizaba la convivencia de todas esas sociedades distintas y antagonistas.
Si nadie garantiza que la verdad y la justicia se encarne de golpe y porrazo en la sociedad española, y como querubines hartos de redbull dancemos por el fin de la corrupción y otros males que nos aquejan, prefiero una convivencia llena de imperfecciones al genocidio de una de las partes de la sociedad.

22 de julio de 2017

El Norte. El Recuerdo

92. 

The North Remembers” (*). 
¡Cómo nos gusta una buena venganza! 
¡Cómo las disfrutamos! 
¡Cómo nos regocijamos en ese mal que sufre el otro que detestamos! 
¡Cómo parece resarcirnos del daño que nos infligieron devolviéndoselo con saña infinita! 
Somos el Infierno. Hace tiempo que moramos en él, y tan acostumbrados estamos a vivir dentro que nada fuera de él nos parece siquiera digno.
(*)
Coinciden en el tiempo la emisión de la 7ª temporada de Juego de Tronos y el fallecimiento de Manuel Blesa (por suicidio). El primer capítulo (7x01 Rocadragón, HBO, 16/7/2017) comienza con la tremenda y emocionante venganza que Arya Stark ejecuta contra la familia Frey. Y Blesa estaba envuelto en uno de lo más ominosos casos de corrupción política –y bancaria- de nuestra historia. Un mal tipo que le hizo daño a mucha gente. Lo que las redes sociales han traído a raíz de este tremendo suceso -se han ensañado brutalmente con el tipo- supera a cualquier ficción, por buena e intensa que sea ésta. Y esto, que la realidad supere a la ficción-, no es nuevo.

2 de julio de 2017

Al uno por el otro.

91.

Somos un cuerpo, no lo olvidemos nunca. No somos, solamente, una conciencia nebulosa, una vida interior que piensa y siente. Todos tenemos patrones de conducta, posturas, gestos y expresiones habituales inconscientes; que cuentan un historia, un estado emocional, unos pensamientos. Estos nos delatan frente a otros -sin darnos cuenta, muchas veces-, ya que nadie puede salir de su cuerpo para verse. Es el otro el que detecta los cambios en nuestro cuerpo. Y por el cambio en nuestro cuerpo detecta el cambio en nuestra conciencia. 
Si uno no aprende a conocer su cuerpo -cuando cambian estas conductas, gestos, etc.-, bien nos vendría aprender a conocer cuando el otro detecta nuestros cambios. Evitaríamos malos y embarazoso desencuentros.
Conocer al otro es bueno por el otro mismo. Hay ahí fuera gente maravillosa, mejor que uno mismo. Pero conocer al otro es siempre bueno para uno mismo. Si uno no es capaz de ver la bondad del otro por el otro mismo, bien que podría hacerlo por egoísmo o utilidad propia. Sea como fuere, el otro es esencial para el ego que somos.

23 de junio de 2017

El Ocaso empieza con la autocomplacencia.

90.

Una sociedad que se encomienda a un sistema educativo que convierte el fracaso en triunfo, está abocada a un futuro miserable. El esfuerzo, la dedicación, el sacrificio, el trabajo duro, la insistencia, el desempeño constante, los altos niveles de exigencia, el éxito por el mérito, no son elementos constitutivos de una sociedad fascistoide y represiva. Me niego a creerlo. Y si gana ese pensamiento, el futuro que viene -además de miserable- será corto. Esta sociedad autocomplaciente e inculta no aguanta la dentelladas que vienen dando desde extramuros.

8 de junio de 2017

Cómo? Los siento, pero esto no interesa.

89.
¿Cómo gestionamos el dinero de nuestro día a día?
¿Cómo educamos a nuestros hijos, en cultura y en valores éticos?
¿Qué clase de ejemplaridad recibimos los ciudadanos desde las redes sociales, convertidas en los altavoces del odio y la basura?
¿Cómo enfermamos?
¿Cómo cuidamos a nuestros familiares enfermos en casa?
¿Cómo morimos?
.....
Hay muchos más de estos 'cómo' que siguen perteneciendo a los arrabales de la política. Estos 'cómo' que aparecen en lo cotidiano de la gente siguen sin entrar en la agenda de la política. Si un problema social actual no puede ser politizado bajo el prisma de la indignación y el frentismo es obviado y eliminado de la agenda política. No estaba en la vieja política y no está, por supuesto, en la agenda de la nueva política.
Vivimos en la época de la politizición de los cuerpos y de las identidades; la politización de la pobreza y el sufrimiento; la politización de las altas finanzas y la macroeconomía. 
Esta tremenda politización no está rearmando a la sociedad de sentido común, solidaridad y altruismo. Es la politización de la sociedad completa en el dolor y el odio. Esta politización se nutre y retroalimenta oleajes de odio. Con lo que el afrontamiento de una gran parte de las cosas que nos pasan es inefectivo. Ya no es cuestión de que aumente el pesimismo, es auténtico resentimiento que embarga a varias generaciones abocándonos a un futuro nada halagüeño. 
Estamos en un tiempo de rendir cuentas, de transparencias e impudicias, de la pornografía del dolor, de venganzas y limpiar la mierda oculta bajo la alfombra. No es tiempo -¡qué desgracia!- de ocuparse de estos 'cómo'.

20 de mayo de 2017

88.

Tribus de antropófagos buscando algún miembro podrido que llevarse a la boca. 
Buitres sobrevolando el futuro cadáver esperando el fallecimiento para lanzarse a por los restos.
Y piensan que en la realidad solo existen ellos -sus ansias de sangre- y el otro moribundo -que merece toda la muerte que le viene.
Y no se percatan que ni el canibalismo ni la necrofágia levantan una sociedad.   

4 de mayo de 2017

La coartada de la "sociedad".

87.

Es bueno que siga habiendo gente piadosa que no quiera ver ni entender que la violencia forma parte del ser humano. 
Es digno de loa que sigan escandalizándose frente a lo inaudito de la violencia. 
Todos y cada una de las personas normales y corrientes pensamos que no seríamos capaces de hacer lo que hizo esa otra persona normal y corriente. 
Hasta que dejó serlo –normal y corriente digo. O es que eso de normal y corriente no existe, nos pongamos como nos pongamos. 
La violencia late en el mismísimo interior de eso que llamamos personas normales y corrientes. 
Nos cuesta unir A con B. No se atreven muchos, les asusta miran más allá de lo evidente. 
Las personas que se retuercen en la violencia no llegaron de Marte, ni saltaron de las páginas de un Bestiario medieval. 
Somos nosotros mismos, pero esforzándonos notablemente por un espíritu –una conciencia, o una psique- bonancible. 
No dejar que la violencia se desate requiere esfuerzo -ético y emocional.
Es bueno –digo y repito- que siga existiendo personas así, horrorizadas por el horror. 
Lo que no comparto es que les parezca que es un fallo estrepitoso de la sociedad.
Eso es hacer dejadez de la propia conciencia, de la propia autonomía, del propio esfuerzo, del trabajo -emocional y ético- que hay que hacer con uno mismo. Poner en manos del conjunto nuestro ser y nuestra conducta sí que es un fallo estrepitoso.
Al final, nada será imputable a uno mismo. Todo será culpa y responsabilidad de la sociedad. Y podremos deshacernos de nuestros fallos estrepitosos colgándolos a eso que llamamos sociedad.
Ese día no habrá modo de parar la violencia.

1 de mayo de 2017

En realidad, y aunque parezca otra cosa, todos tenemos algo por lo que luchar y matar. Más le valdría a algunos, repensar las etiquetas que le colocan a sus enemigos, so pena de salir -una vez más- escaldado y con la frustración en cantidades incompatibles con la vida y una salud mental digamos que aceptable.

86.


A los que piensan que su lucha, justa y necesaria, va contra los que llaman cobardes, conformistas, apáticos, colaboradores e insolidarios. A los que piensan que tienen que hacer frente a estos ante que a los poderosos. A los que piensan que hacen esta cruzada como el nuevo gran compromiso con la vida.

Toda pedrada que lancéis contra uno de esos es una piedra -y un esfuerzo- menos que se lleva en la sesera el rico, el poderoso, el corrupto, etc... Este cambio de estrategia quita presión arriba y la añade abajo. ¿No estarán manipulando vuestro estado emocional, de frustración constante, para que ataquéis al que no tiene poder alguno, dejando escapar vivo y coleando al auténtico responsable de las injusticias?

Tened en cuenta que si abrís una guerra, al que ataquéis os devolverá la lucha sin cuartel. Os estáis parapetando en una etiquetas llenas de desprecio pero que no hace justicia a la realidad de las cosas. Esos también tienen un compromiso con su vida, también tienen cosas que conservar. Cosas por las que luchar y pelear. Aunque a vosotros os parezcan mezquinas, son suyas y las van a defender del mismo modo que vosotros defendéis lo vuestro. 

Pensáis que os lanzáis a una magnífica epopeya, que la razón está de vuestra parte y que vuestro compromiso os acerca a la victoria. Es curiosa la forma en la que aquí se mezcla lo infantil -lo naif incluso- con la agresividad y la violencia. Realmente, os asignáis el maravilloso papel de héroes de vuestra propia narrativa pero no tenéis garantía alguna de la victoria. Es más, ni imagináis siquiera cómo quedará el campo de batalla cuando terminéis de despedazaros. Incluso si conseguís tan magnífica victoria. 

Tierra quemada para el que quede. Más Olimpo para el poderoso.

24 de abril de 2017

85.

Los maximalistas en política, y los rigoristas en la religión, convierten en imposible lo que de por sí viene complicado: la convivencia en sociedad de un amplio espectro de seres y estares. 

Si a eso le añadimos un cierto populismo que lanza anatemas a diestro y siniestro en el contexto del enjambre digital, el problema deviene tragedia.

9 de abril de 2017

El trauma psicológico como hacedor de políticos.

84.

Hay críticas (políticas) que no parecen críticas. Más bien parecen la expresión de un trauma mental, de esos terribles problemas que llevamos sin resolver desde nuestra infancia, o de algunos resquemores personales llevados al extremo, o quizás sea la mala conciencia envidiosa. De sus obsesiones, de sus odios, de sus fobias, obtienen materiales para construir su política. Y éstas al provenir de donde provienen conectan con las misma hecatombe mental de otros, haciendo movimiento social. Es una curiosa perversión, esta psicoterapia grupal masiva que buscar obtener la cura en la exacerbación total. 
Hay que seguir observando, pero no creo que sea la primera vez en la historia que nos pasa. Lo que ocurre ahora, una vez más, es que las redes sociales conectan a mucha gente, tanta como nunca antes se habían juntado.

26 de febrero de 2017

83.

Foto de Monumento a Gandhi - México, D.F., México

Parque Gandhi, Col. Bosque de Chapultepec, México, D.F.

¡Y Gandhi, que nunca le puso flores a sus enemigos! 
¡Y Gandhi, que con su actitud, sus palabras y su pensamiento, hizo frente a la tiranía! 
¡Y Gandhi, que simbolizó como nadie la resistencia frente al mal gobierno y la injusticia! 

La ausencia de ademanes violentos y agresivos les resulta preocupante a los que defienden la destrucción del sistema. Por eso es una figura olvidada en la crisis civilizatoria que vivimos en Occidente en este comienzo del s. XXI, que está dominada por los que premian ese tipo de comportamientos. 
La estrategia de la política convertida en activismo es imponer la virulencia e impedir que el ciudadano no piense en otra cosa que estar indignado por todo, hasta el agotamiento. 
Las figuras de este calibre, como Gandhi, les resultan incómodas ya que no les conviene ese tipo de actitudes reflexivas y prudentes, ya que las entienden como desmovilización y descapitalización social. Y eso les preocupa mucho.

25 de febrero de 2017

Hipocresía

82.

Esta es una sociedad hipócrita que utiliza como coartada moral la indignación (frente a la corrupción política), para no asumir lo suyo propio, personal e individual.


Post Data a los que cuando ven estas opiniones contrarias a la marea de agitación e indignación popular se les hinchan las venas del cuello y se ponen a preparar la cuerda para la horca: 
- No me parece correcta la decisión de la Fiscalía. No la comparto, en absoluto 
- No estoy a favor de la corrupción política en ninguna de sus modalidades. ¡Faltaría!
- No todo el mundo se expresa de la misma manera. Y si criticáis el pensamiento único, uniforme y borreguil del algunos, empezad a criticaros a vosotros mismos por pretender que existe una única manera de expresar indignación, de protestar, de movilizarse, de cambiar las cosas a mejor.
- Siento mucho si este tipo de pensamientos incómodos que hacen reflexionar a la gente sobre sí misma, y su forma de vivir, rompe la estrategia del activismo virulento.
- El combate contra la corrupción política empieza en uno mismo, en el día a día, y con decisiones aparentemente insustanciales.

18 de febrero de 2017

El pifostio de la libertad.

81.

Un breve recuerdo, histórico y filosófico, de cómo comenzó la pugna entre las ideologías. Todo comenzó en torno al tema de la libertad. Todo el mundo estaba de acuerdo con ella, todo el mundo la quería y la defendía. Pero los desacuerdos llegaron a partir de su caracterización y su tamaño. Básicamente: los defensores de una u otra opción fueron constituyendo distintas tradiciones, luego corpus ideológicos adyacentes y, finalmente, programas políticos divergentes.

Vamos a verlo con un ejemplo sencillo...

En un camino del bosque encontramos un cartel que nos dice que tenemos derecho a transitar por él. Tú vas por allí y listo. Sencillo, ¡verdad!, pues algunos se aturrullaron con esto. 
La cuestión endemoniada aquí, en esta fácil sentencia, es el concepto de ‘derecho’. 
Para unos se trata de que no haya cortapisas ni impedimentos: puede usted andar por el camino, no hay muros, ni baches, ni golfos apandadores que se lo impidan. 
Para otros se trata de que existan elementos que blinden la acción: va usted a andar por el camino y alguien se lo va a acondicionar, se lo va a proteger. 
La carga de la primera de las libertades recae sobre el individuo, en la segunda ha de existir una entidad supraindividual sobre la que recaerá esta carga. 
En la primera, esa entidad superior (tribu, empresa, Estado, sociedad) hace de árbitro que impide que el camino se vea cortado, vallado o amurallado, atacado, etc. En la segunda, la entidad superior protectora y benefactora, interviene en todo el proceso, se encarga de poner el dinero para poner el asfalto, los semáforos y señales, los profesionales que la defiendan y les hagan reparaciones, etc.
Los primeros siguieron pensando en su dirección, a partir de lo que entendían por libertad y por derecho. Los segundos siguieron también en su dirección. Y comenzaron a cruzarse críticas y acusaciones.
Al cabo de un tiempo olvidaron que ambos defendía eso que llamamos libertad, entregándose a esas características que les diferenciaban.
En algún punto de este largo tránsito, alguien pensó que la libertad estaba en el derecho a reventar la carretera, en meterle fuego a las señalizaciones y los semáforos, en golpear a los protectores, en desvirtuar esas entidades -sean árbitros o sean protectores-, en hacer que la gente con ideas diferentes terminaran enfrentados y odiándose. 

PD. El quiera puede leer:
-La conferencia de 1819 de Benjamin Constant llamada 'De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos'.
- El libro de Isaiah Berlin titulado 'Cuatro ensayos sobre la libertad' (Alianza).
- El libro de Ludovico Geymonat titulado 'La libertad' (Crítica).
- Mi trabajo de hace unos años
https://www.academia.edu/9313180/Cuadernos_de_Filosof%C3%ADa_Pol%C3%ADtica_III_Estado_Poder_Autoridad_Libertad_y_Derechos

29 de enero de 2017

Populus (2ª parte)

80.

- El oleaje de indignación surgió en un marco concreto -gente joven, generalmente estudiantes, en un escenario de crisis económica e institucional- y fue su bisoñez idealista la que reactivó resortes que mucha otra gente tenía apagados. Luego llegaron los oportunistas que los manipularon usando las potentes redes sociales lograron volcar la energía que surgía de la marea para sus proyectos políticos. Una vez más, y como hicieron los de antes, los que aspiraban a gobernar no se preocuparon de educar o enseñar a la gente a cómo manejar esas oleadas emocionales. Simplemente, sacaron beneficios de esta psicopolítica. El oleaje emocional terminó convirtiéndose en un status quo estable, en la situación común y corriente de la vida social. La ‘tormenta de mierda’(*) es la forma de interacción de la actualidad. Esta semana hemos visto un claro ejemplo tras el lamentable fallecimiento de una reconocida modelo.

- La crítica al populismo –que hay que hacerla- no puede venir sola, sin hacer otra de igual calibre a la política ortodoxa, tradicional e institucional que teníamos. Los errores estratégicos y las injusticias con la ciudadanía son el caldo de cultivo perfecto. La génesis del populismo no está nunca en el ansia del populista de turno. Algún día los libros de historia contarán esto como corresponde. El nacimiento del populismo está en los fallos y la inhumanidad del sistema. 

- El populismo no está en vías de desaparición; al contrario, está por llegar su más alta cumbre. Primero, porque la política tradicional ha perdido claramente la partida de la táctica (¡Ay las redes sociales!); segundo, sigue sometiendo al ciudadano-votante a una violencia tremebunda (la subida de la electricidad este enero es injusta e inhumana); y tercero, montados en la cresta de la ola, los líderes populistas tienen todavía mucho que evolucionar en su retórica y sus prácticas. 

-El discurso tradicional de la socialdemocracia hablaba al individuo concreto pero apelando al conjunto de la sociedad. Al votar, el ciudadano no pensaba en sí mismo, sino en el conjunto de la clase obrera. Algo similar ocurría con los partidos conservadores, que en vez de apelar a las cuestiones de clase, apelaban a cuestiones familiares, tribales, de cohesión nacional y otras afines. En ambos casos, el individuo concreto se pensaba como dentro de un conjunto mayor, y más importante. De algún modo, reinaba la idea de que había que sacrificarse por el conjunto. La caída de los partidos e ideologías tradicionales traen consigo la destrucción de este imaginario colectivo, el del bien común. Entre otras cosas porque el bien común no traía más que migajas al gran conjunto, quedándose los poderosos con la parte buena del pastel. 

- Los partidos de ahora (sus líderes concretamente) le hablan al individuo de tal modo que éste piensa, sola y exclusivamente, en sí mismo. Hablando para todo el conjunto, el individuo siente con claridad meridiana que sólo le está hablando a él mismo. Y que el populista de turno solucionará su problema, no el de todo el conjunto social, el suyo propio. El votante vota al populista buscando la propia salvación, porque piensa que lo que promete el populista de turno es bueno para sí. Piensa, “ya está bien de pasarlo mal, ya está bien de sacrificios por el bien general, ya estoy harto de lo de siempre y que nunca saque nada de todo esto. Ahora me toca a mí”. El populismo también es esto, pasar de pensar por y para un gran conjunto, a pensar contra la colectividad. Así consigues, curiosamente, amalgamar un enorme colectivo de gentes - de distintos niveles socioculturales y económicos- que piensan en sí mismos y sus deseos; y que sea esa idea antisocial la que haga de cemento de la nueva sociedad. 

- No hay nada más paradójico que el pensamiento populista, nada más líquido, vaporoso e inane. Estas modalidades autocontradictorias, oscilantes, hiperemotivas, resultan desquiciantes para los análisis hiperracionales de la política tradicional acostumbradas a las bipolaridades y las regularidades, entre otras. La política tradicional patina sobre el absurdo del populismo. La plasticidad propia y la incapacidad de la tradición  en estos terrenos resbaladizos procura una tremenda ventaja al populismo. Cuando el populismo se termine convirtiendo en la práctica habitual y corriente de la actividad política, se cerrará el ciclo (Thomas Kuhn y las revoluciones científicas) y será el paradigma dominante que entrará en colisión con un nuevo paradigma revolucionario entrante (el nuevo populismo, seguramente).




(*) Término que conocí por Byung-Chul Han.

Populus (1ª parte)

79.

- El populista, realmente, no se reconoce a sí mismo como tal. La gente que los vota tampoco. Hay ahí una perfecta simbiosis entre unos y otros. Lo que hace de esta unión algo temible es la ceguera voluntaria –‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’-, unido al dejarse llevar por todo lo que el líder considere justo y necesario. Los que están dentro piensan que lo de populismo es poco menos que una etiqueta, o una especie de insulto. Los que estamos fuera, lo que nos preocupa realmente no es insultarles ni faltarles al respeto, sino la resistencia al pensamiento crítico de unos y otros. Y, por supuesto, el simplismo con el que interpretan las cosas del mundo.

- ¿Por qué las propuestas de los populistas tienen un grandísimo impacto sobre sus votantes, dónde radica su atractivo, qué hay en ellas que le procuran semejante carga de convicción? Un primer y rápido vistazo sobre el asunto nos dice que el populismo es una forma masiva de inmadurez. Inmadurez en el sentido siguiente. Se da la circunstancia de que una masa crítica de personas se encuentran en la misma situación: la incapacidad de gestionar la frustración de habitar en un mundo en el que la interactuación erosiona profundamente. La frustración frente a las complejidades de la vida les lleva a caer rendidos a los pies de aquellos que les venden fórmulas sencillas de solución de sus problemas complejos.

- ¿Y no es esto lo que lleva haciendo la tecnología toda la vida? Hacer fácil -mover el dedo por la pantalla táctil de nuestro móvil- lo difícil -cómo funcionan el jodido aparato. De modo inconsciente la gente suele funcionar (ojo, hay excepciones, gracias al cielo) en la política como lo hace en la vida real. No se compra el aparato más difícil de manejar. Ni le decimos a nuestros hijos que estudien la carrera que les llene sino la que pueda darles una mejor colocación laboral. Ejemplos como estos, de búsquedas de cosas sencillas antes que complicados, son abundantísimos. 

- El populista sabe detectar como nadie qué es lo que quiere oír el votante, qué es lo que anhela, que es lo que quiere y, especialmente, por dónde se encuentran sus seguridades. El populista es la promesa de que quedarán eliminados todos los obstáculos en la consecución de esos deseos. En cierto modo es una vuelta a la tierna infancia. Esos días en los que los padres hacían que el mundo fuera sencillo, pues eran estos los que tenían que lidiar con los muros que los críos no podían saltar. El populista sabe cómo funcionan esta clase de resortes. Y en vez de educar a la ciudadanía mostrándoles cómo moverse en un mundo lleno de trabas, riesgos e incertidumbres, en los que existe una interacción constante u multilateral que puede llegar a ser muy corrosiva, se muestran a sí mismos como el progenitor protector que asume el facilitarle las cosas, eliminar sus preocupaciones y llevarlos, cual Moisés, a la tierra prometida donde el maná solo hay que recogerlo del suelo. 

- Y digo otra cosa: combatir el populismo con desprecio intelectual y racionalismo duro no lleva a ningún sitio. Porque, precisamente, los populistas se blindan frente a éste con una retórica directa y un lenguaje sin requiebros –simplismo de nuevo, aunque sea impostado- alejado de cómo la gente que le vota entiende que es la clase política profesional. En cuanto aparece la crítica intelectual al voto populista -como un desprecio, mirando por encima del hombro al pobre truhán que no sabe lo que vota-, el votante del populista reconoce como cierta la defensa que el populista hizo anteriormente frente a la política más institucional. Se siente insultado por el intelectualista y, por ende, aumenta el apego al populista y la decisión en su voto. Por desgracia, me parece que en la historia hay varios ejemplos, el populismo se cura cuando la gente prueba en carne propia la tragedia. Tragedia que se une a la ya existente y que le arrojó en brazos del populista de turno.

16 de diciembre de 2016

Machismo implícito, inconsciente e involuntario. Pero machismo al fin y al cabo.

78.

Ayer recibí, ya reparado, mi robot de cocina alemán. Este mediodía, para celebrar el acontecimiento como corresponde, me he puesto con un arroz caldoso que sale de maravilla.
Cuando estaba terminando le he dicho a Ana que iba a llevarle un plato a mi padre, que le encanta esta receta. Ella me ha mirado y me dice: "Siempre dices lo mismo, que le llevas un plato a tu padre". Y sigue: "Y luego pones arroz para dos o más de dos, y aun así sigues diciendo solamente que es arroz para tu padre". Y termina: "¿Si pones arroz para los dos, porqué no dices que le llevas un plato para los dos y no sólo para tu padre?".
Pero la cosa no termina aquí. 
Cuando ya lo tengo hecho cojo el teléfono y marco el número de la casa de mis padres. Se pone mi padre: "Dile a mamá que me acerco a casa [no vivimos muy lejos, a 2 min. de coche], que te llevo un plato de arroz caldoso, que baje al portal para dárselo".
Ana está anonadada. "Has vuelto a hacerlo", me dice. "Y además tiene tu madre que bajar a buscarlo", termina. "Ahora resulta que soy un poco machista", le he dicho. "Tampoco es para tanto", me responde.
Es cierto. No es para tanto. Pero es cierto, soy un poco machista. No era consciente de lo que decía. Son frases que uno larga sin pensarlas, de modo involuntario, por la costumbre. Pero el machismo empieza así, incrustado en estas pequeñas cosas. Y el machismo empieza a combatirse, igualmente, en estas pequeñas cosas: no volviéndolas a repetir. Detectando cuántas de estas pequeñas perlitas de la costumbre tenemos en nuestro interior, inconscientes e involuntarias.
Estas minucias no hace daño. El problema está en cuando las minucias se acumulan. Con un grano de arroz no se hace comida, con unos buenos puñados sí. Ahora hay que aprender de los errores.


9 de noviembre de 2016

Los idiotas son siempre los otros.

77



Los otros son unos estúpidos cuando votan lo que votan. Nosotros somos muy listos cuando votamos lo que votamos. 
Esos otros son unos garrulos, unos incultos, unos rancios. Nosotros, sin embargo, somos todos unos ilustrados. Además, con esta fina ironía que nos acompaña podemos hacer frente a su cuñadismo. Que no quepa duda. 
Son ellos los que se equivocan al elegir a sus representantes políticos, esos que tan mal hacen las cosas. Los nuestros son gente seria y con estudios, muy formada.
¡Cómo se puede ser tan necio, tan lerdo, tan gilipollas! ¡Fíjense en nosotros, en cómo nos guiamos siempre por un estricto espíritu crítico! Cuando insultamos y faltamos al respeto al otro tonto lo hacemos por nuestro sabio entendimiento. Por eso y porque tenemos razón. Los otros no tienen ni idea. Sólo por eso. 

EL FIN DEL ANÁLISIS SOCIOLÓGICO Y POLÍTICO

76.


Todo parece indicar que Trump ganará las elecciones en este noviembre de 2016. Para muchos esto ha supuesto una tremenda sorpresa. Otros están acogiendo la noticia con asco y angustia. Los que se asustan, los que se asquean y los sorprendidos son el mejor ejemplo de que una época de análisis ha llegado a su fin.
Hay un fino hilo -a veces imperceptible-, como el de Ariadna en el laberinto, que une la victoria del Brexit en Gran Bretaña, el 'no' en Colombia, el gobierno de Syriza en Grecia, el sorpasso de Podemos en España, el Cinco Estrellas de Italia, el auge de Le Pen en Francia, el partido Geert Wilders en Holanda, el Jobbik en Hungría, etc. 
Hay ahí, en algunos, una clara radicalización de posiciones políticas -Ay¡¡-, una aceleración hacia el extremismo, el de la derecha y de la izquierda. Pero quedarse solo con esto es seguir viendo las cosas según los análisis que hoy han fracasado con Trump.
La mayor parte de los análisis que se han venido haciendo hasta la fecha se hacen cargo estrictamente de categorías racionales, esas que tienen que ver con lo que comúnmente llamamos el sentido común, la sensatez, etc. Analizan lo que un sujeto racional podría hacer según sus intereses, pero siempre desde la óptica de que el sujeto pasaría horas y horas deliberando consigo mismo, pensando arduamente los pros y los contras de todas las propuestas y que se decidiría por la más estable, equilibrada y sensata. Que pensarían en hacer lo mejor para él mismo y el bien común. Y esto, además, pensando en su futuro. Analizan lo que el sujeto haría, o le convendría, en el futuro cercano, o a medio plazo, para solucionar así sus carencias o necesidades no satisfechas. Este análisis hay que tirarlo a la basura. 
Hay que empezar a tener en cuenta, sobre todo, las categorías emocionales y pasionales de las personas: sus afectos, sus miedos, sus fobias y sus anhelos, y por encima de todo sus odios, sus resquemores más profundos. Hay que analizar al sujeto emotivo, sus deseos y sobre todo las causas que le procuran tanta frustración e indignación. Lo irracional (dicho de modo entendible, aunque hay más) se tiene que convertir en categoría política. La gente tiene raciocinio sí, pero también tiene entrañas.
Ese es el hilo de plata que une a los movimientos de más arriba. Las entrañas de la gente, de derechas de izquierdas, de arriba y de abajo, de la vieja Europa y de EEUU. Toda la gente tiene entrañas. En apariencia, estos partidos no pueden ser más distintos, pero en el fondo hacen lo mismo: llamar a la gente encabronada, indignada, frustrada, gente que sufre en su día a día, que no llega a fin de mes, que perdió su trabajo, su sustento, que no consigue lo que quiere, lo que necesita y que tiene que apoyar a políticos que se salen del espectro establecido, del establishment poderoso (Hillary es lo más establishment que hay¡¡). 
Se acabó la búsqueda de las opciones más equilibradas, más sensatas. Se acabó sólo mirar y analizar el sentido común. Queremos resarcirnos de los golpes, que alguien haga aquí justicia. O, directamente, queremos venganza. Y sobre todo, se acabó mirar al futuro. El pasado es lo que más importa ahora: en el pasado es donde se cometieron todas las cosas malas contra nosotros los indignados, los cabreados, los frustrados: aquellos tienen que pagar lo que hicieron. 
El voto de castigo tiene que analizarse sí o sí. No se puede menospreciar. ¿Cuánto voto de castigo a los 8 años de legislatura Obama se ha llevado Hillary, cuánto voto de castigo se ha llevado el apellido Clinton? Muchísimos, seguro. Hay que empezar a analizar el cabreo de la gente. No subestimar nunca más los aspectos irracionales y psicoemotivos del votante.
Y los analistas lo llaman populismo. Lo dicen de manera despectiva, hiriente incluso. Y no es una minucia. Esta simple etiqueta se ha convertido en realidad dominante del mundo actual. En todo el occidente tardocapitalista. Hay que empezar a verla con otros ojos. Dejar de despreciar lo que significa. La política, toda ella, todos los partidos, van a esto. 
La política de las emociones. La política del dolor. La política de la frustración. Es la Psicopolítica. 
Esta política busca tocar las teclas emotivas de la ciudadanía. Apelar al espíritu crítico y racional de la gente será una moda que no estará de moda. Hay que mantener de modo constante estados emocionales de convulsión, o de pánico, o de miedo, o de indignación, etc. según a quien interese. De este modo, en el futuro, las campañas electorales no se harán para ver qué programa político nos conviene, !que va¡ Será qué oleaje emocional arrastra a más gente. Depende del partido que sea, apretará determinadas teclas emocionales y pasionales en su electorado. Ese el futuro target de la política: sentimientos, emociones y afectos. 
Si analizamos las elecciones de EEUU basándonos en la psicopolítica, no es extraño que Trump haya ganado las elecciones.

PD: Oído... Lipset. Siempre hay que hacer caso a los buenos y puntillosos expertos que están al pie del cañón. 

2 de noviembre de 2016

Sobre vieja y nueva política.

75.

Gana el que gana y hace lo que le da la gana. Y el que pierde se hace la víctima. Hasta que gira el mundo gira y cambian las tornas. De prepotencia y victimismo estaba hecha la política en nuestra sociedad. Esta era la vieja política. La de vencedores arrogantes y perdedores emasculados.
Pero llega este momento en el que el perder y el ganar terminan metidos en una zona de confusión. Porque sumando por aquí y restando por allá, la cosa termina en que has perdido lo que ganaste, o terminas ganando lo que perdiste. Esta es una nueva política que se va abriendo paso. Quizás no sea la única.
Esta es una sociedad que no está acostumbrada a negociar o a dialogar (preferimos imponer, pero antes que el otro haga lo suyo, preferimos perder, para luego hacernos la víctima). Que nunca quiso ser práctica para detectar sus necesidades más perentorias y conseguirla (el paternalismo benefactor desbocado tiene los efectos que tiene). Que prefiere centrarse en lo diferente antes que lo común (buscar culpas y culpables antes que soluciones para una mayoría). Y mucho más. 
No es extraño que la clase política esté en pañales en lo tocante a alianzas, ententes o convenios. Es en este caldo de cultivo social, el pacto aparece como una traición.
El peor problema de esto es que muchos siguen siendo grandes negadores de la realidad, y prefieren partirse la crisma contra el muro antes que buscar soluciones alternativas. Si no ganas por la forma antigua, ¿cuándo aprenderás a ganar por la forma moderna? 
Lo que viene en los años venideros es la negociación y el pacto. Y la sociedad tendrá que ir aprendiendo a negociar y a pactar. Dejar los dogmatismos y las purezas en el cajón. Hay que llegar a las negociaciones ya llorado de casa.

30 de octubre de 2016

¿Y dónde me coloco?

74.

Nunca me he sentido identificado con los programas políticos de los dos grandes ideologías. Sin embargo, socialistas y populares, en sus respectivos momentos de gobierno han realizado cosas positivas (y negativas). Ocurre que en el relato actual, en boga, tienen que ser denostados, y llevados al fango.
Está la mal llamada 'nueva política' que o bien es un remedo bien educado de los de siempre, o una caterva de haters y trolls con títulos universitarios que han montado en cólera y quieren llevarse por delante todo 'lo viejo'.
Sigue haciendo falta algo, sigue siendo necesario llenar un hueco. Algo nuevo que sea capaz de seguir articulando lo bueno que sacaron adelante 'los viejos'. Pero con un espíritu pragmático, centrado en negociar las cosas, buscando acuerdos que acojan la mayor parte de las necesidades de la sociedad.
Pero, igual que hubo un mal tiempo para la lírica, es muy mal tiempo para el utilitarismo, la buena voluntad negociadora, un espíritu crítico constructivo y la mesura. Se ha impuesto la política de la performance, del chascarrillo twittero, la política faltona y llena de improperios e insultos. Y metidos en esa vorágine cualquiera que no se cague en los muertos de Rajoy es un colaboracionista. Como si hubieran desaparecido, de repente, todos los grises intermedios. Si no estás con Podemos no eres un verdadero demócrata.
Y ahora vivimos en internet, en las redes sociales, y aquel es el reino de haters y los trolls que presionan y presionan constantemente. Sin parar, ni de día ni de noche. La gente, como dicen ellos, ahora está en internet, porque esa red de redes es ahora tan calle como la calle de siempre. Y salir a la calle significa seguir presionando en internet. Todos los días y todas las noches. Manteniendo el nivel de sofoco y derrotismo tan elevado como se pueda, hasta conseguir lo que quieren o hasta reventar la sociedad desde dentro de cada uno de los hogares.
Los que no queremos esto, y los que no queremos la política de los viejos y sus corrupciones, ¿dónde nos colocamos?

21 de septiembre de 2016

Politizarlo todo

73.


Politizar las emociones, el dolor y el sufrimiento, hasta el miedo y el amor. Es uno de los sinos de nuestro tiempo que choca con el signo del pasado.
La política siempre pensó de sí misma que se manejaba mediante argumentos racionales y objetivos. La política es una actividad humana que tiene digestión racional, decían. Se trataba de convencer a la razón de la gente de que hay razones de peso para que apoyen a una determinada ideología, un determinado partido, un determinado programa. 
Pero ocurre que llegado el posmodernismo, se introducen en el debate político una serie de variables que no aparecen ni objetivas ni racionales según los parámetros implícitos. Del mismo modo que se apela a la razón del individuo, puede apelarse a su estómago, a sus entrañas, a sus emociones. 
La historia nos cuenta que los primeros que empezaron con esta nueva forma de hacer las cosas fueron los nacionalistas. Fueron estos los que empezaron a tocar la ‘fibra sensible’ de la gente, recurriendo a una serie de sentimientos inveterados. 
De repente, la política no apelaba a la razón sino al sentido identitario. La izquierda posmoderna (para diferenciarla de la ya clásica socialdemocracia) sigue ahondando por esta senda. 
La (supuesta) argumentación racional política parece que encontró, en estos tiempos hodiernos, un tope. Y la impotencia les lleva a llamar populistas y demagogos a los que no tienen problemas en utilizar estas herramientas.
Vista la gran capacidad de movilización que este modus operandi tiene, no es de extrañar que los políticos (clásicos) comiencen a usarlo. Me parece evidente, que el mensaje directo a la parte emocional de la gente, tiene ahora más peso que la argumentación racional política. Claro que esto no será siempre así, y la política de las emociones, del dolor y del amor también llegará a su techo y será reemplazada por otra cosa.
Decía Bob Dylan, en una de sus magníficas canciones, que los tiempos están cambiando. Cambian y seguirán cambiando, hasta el fin.

4 de septiembre de 2016

El espantajo político.

72.


Convertir en espantajo al adversario es una técnica política básica. 
No se trata a ese otro como interlocutor válido. Hay que mostrarle a los tuyos que el otro, el que no comparte los propios ideales ni se tapa detrás del mismo logotipo, es un ser despreciable. Como es un sujeto indigno, y nosotros estamos revestidos de una superioridad moral intachable, está justificado el tratarlos como si fuera escoria.
Esta técnica entiende la política como lucha para alcanzar hegemonías y no como negociación para llegar a acuerdos. La solución a los problemas sociales no llega a través del diálogo comunitario entre interlocutores con distintos programas, sino a través de la derrota de todos los otros. 
Pero abusar de esta técnica, llevar la violencia política más allá de lo razonable provoca terribles consecuencias. Puede verse -mejor que en cualquier caso- las terribles consecuencias que trae la superioridad moral basada en la ideología.

25 de agosto de 2016

Mitos y Leyendas

71.


Destruir es más fácil que construir. Echar por tierra las ideas de los otros, negarlas y criticarlas es más sencillo que buscar puntos de encuentro. Esto parece demostrarse en la llamada ‘unidad de las izquierdas’. No necesitan mucho para coincidir en el origen de los males del mundo, por ejemplo (el Capital, la Banca, los neoliberales, etc.) pero luego son incapaces de articular un proyecto conjunto. La superioridad moral con la que se conducen y toda la verborrea que se gastan no les sirve para nada, se muestran impotentes para diseñar un programa común, con medidas concretas, útiles y productivas. Como son incapaces de trasladar a la realidad tangible esos supuestos ideales compartidos, terminan por acusarse, mutuamente, de no ser la auténtica y más pura de las izquierdas. Lo que comenzó siendo un proyecto legendario, a nivel abstracto, termina siendo un auténtico fiasco, en la realidad política.

Estupidez y Política

70.

La política se nos aparece como una solemne estupidez si observamos con detenimiento la postura de los políticos respecto a detentar los gobiernos. Veamos.


Para que un partido político (y la ideología que está detrás), cualquiera de ellos, pueda hacer realidad sus proyectos necesita poder, esto es, necesita una mayoría para implantar sus medidas. Cuando eso ocurre, arrecian toda clase de acusaciones de autoritarismo, de dictadura, etc., incluso cuando las mayorías son conseguidas legal y constitucionalmente.

Bien, quitemos las mayorías absolutas.

Ahora, los partidos políticos (y las ideologías que están detrás) tienen que ponerse a dialogar, a buscar elementos comunes, a formalizar puntos concretos de acción, etc. Cuando eso ocurre, arrecian las críticas contra unos y otros. Que si las negociaciones rompen con la pureza de los ideales, que negociar es claudicar ante el enemigo, que hablar con el otro es dar bandazos y no ser fiel al programa primigenio, que si existen líneas rojas que no se pueden traspasar, que las reuniones parecen una subasta de sillones, etc. 

Bien, quitemos también las negociaciones.

Entonces, ¿qué nos queda, si no vale ni lo uno ni lo otro? Los políticos son estúpidos profesionales, porque hay una gigantesca imbecilidad en quejarse de una cosa y también de la contraria. 

22 de agosto de 2016

Avanza o muérete.

69.

En los mundos de Yupi, con unicornios volando por cielos azules y límpidos; y la miel, y el maná brotando por doquier, puede uno escoger entre lo bueno y lo malo. 
En el mundo real de este verano, y su calor pegajoso, hay que optar entre lo malo y lo peor. Más quisiéramos tener la posibilidad de preferir lo bueno sobre lo malo. Pero no es el caso. 
Lo que sí es difícil que entre en la dura mollera de algunos -eso parece-, es que no hay decisiones, ni preferencias, ni opciones definitivas, irreversibles y eternas. Cada decisión no es la decisión definitiva que traerá la justicia y la verdad eterna a la sociedad. 
En esta sociedad, en política, todo es reversible. Mañana, o pasado, o en primavera volverá a salir el dilema. Habrá que volver a elegir, seleccionar y votar. 
Y volverán los del unicornio, los del maná milagroso, a pensar que tienen la posibilidad de elegir entre el averno (que siempre es lo de los otros) y el paraíso (que siempre es lo suyo).
¡Es tan infantil¡ Despertad, que el mundo no se termina si vosotros no elegís lo que hay que hacer. 
No hay nada tan humano como ponerse de acuerdo (en mínimos, siempre acuerdo de mínimos), incluso en las peores condiciones, con tu peor enemigo. 
Es nuestra humanidad: adaptarnos para sobrevivir y seguir adelante incluso en las peores condiciones.